Pero la voracidad capitalista mercantiliza también la sexualidad con la industria pornográfica, la prostitución, la trata de mujeres y la pedofilia. El capital transforma el placer en una mercancía, o sea, en su contrario. Así, la sexualidad está ligada a la ganancia capitalista y a la dominación patriarcal, que basa las relaciones entre las personas en un sentimiento de propiedad donde el otro o la otra no es un igual, en lugar de basarse en el respeto mutuo y el amor libre de toda atadura.

El capitalismo empuja a la despersonalización de los lazos sociales, a una cosificación generalizada y a una comunicación efímera y trivial. A toda hora y a través de los medios masivos de comunicación se inculcan los valores de la competencia y el individualismo, del “sálvese quien pueda” como norma. Ahí está Gran Hermano, donde durante horas se muestra a los participantes en su carrera por el éxito, hundiendo a quien sea necesario para conseguir su objetivo. A su vez, los turnos rotativos, las largas jornadas laborales, la pérdida de los fines de semana, la precarización laboral, la falta de tiempo para el esparcimiento y el ocio no hacen más que atentar contra los cada vez más bastardeados lazos afectivos de amistad, amor y compañerismo.

Contra esta situación, la Iglesia, la derecha conservadora y los fundamentalistas proponen volver a los valores tradicionales en crisis encarnados en la familia. La Iglesia nos quiere meter el verso del “calor de hogar”, cuando sabemos que la mayoría de los casos de abusos sexuales, la violencia contra las mujeres y la represión sexual de adolescentes y jóvenes ocurre “puertas adentro” del hogar familiar. El femicidio es cada vez más frecuente y amparado po r el Estado, la justicia y los gobiernos nacionales y provinciales, como en el caso de Sandra Gamboa. Sólo en 2010 hubo 260 casos de mujeres asesinadas por su condición de mujer. El kirchnerismo pretende lavarse la cara lanzando la campaña “260 hombres contra la violencia de género”, a la vez que sigue sosteniendo a la Iglesia, a la policía y las fuerzas represivas que tienen en sus filas a una innumerable cantidad de golpeadores, abusadores y genocidas, a un Estado y una justicia que defienden a los abusadores y golpeadores, mientras condenan a las víctimas como Romina Tejerina, y a las patronales que superexplotan diariamente a las trabajadoras. La agrupación Pan y Rosas y la Juventud del PTS luchan contra la violencia de género y los femicidios, en la perspectiva de terminar con toda forma de sometimiento y dominación patriarcal.

Peleamos por una sociedad donde las relaciones entre las personas se establezcan libremente, sin coerción estatal, religiosa, familiar, psicológica, económica ni de ningún tipo, y basadas únicamente en el consentimiento mutuo, en el compañerismo y el amor libre. Por eso enfrentamos al capitalismo, porque sabemos que en tanto no se acabe con la sociedad de clases que se basa en la explotación y la propiedad privada, no podremos acabar de raíz con la opresión.

Nos pronunciamos por la libertad sexual y rechazamos la mercantilización de la sexualidad y de las relaciones humanas. ¡Luchamos por acabar con este sistema opresor que se mete en nuestros cuerpos, en nuestra vida, en nuestros sentimientos y deseos!

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