El movimiento estudiantil puede (y debe) tener un papel clave en todo proyecto de transformación social. Los estudiantes han jugado un rol importante durante grandes procesos a lo largo de la historia en los que la lucha en las calles apareció terminando con la tranquilidad de los gobiernos. Durante el Cordobazo en la Argentina, los estudiantes fueron un factor fundamental en las movilizaciones y huelgas que iniciaron una etapa revolucionaria. En el Mayo Francés fueron los propios estudiantes los que tomaron la iniciativa para salir a la calle, sacudiendo al movimiento obrero que se sumó después para, juntos, poner en jaque el poder del Gobierno francés.

Desde la Juventud del PTS militamos retomando esas banderas. En cada lucha obrera que acompañamos aportamos a construir la unidad obrero-estudiantil que retome ese camino, el único posible para derrotar a los capitalistas. Del mismo modo, luchamos por la defensa de la educación pública, por mayor presupuesto y por terminar con los subsidios a la educación privada y religiosa. Por una educación pública, gratuita, laica y de calidad para los trabajadores y el pueblo. El conflicto estudiantil del año pasado, que comenzó con los estudiantes secundarios de Capital Federal luchando contra Macri y se extendió a la UBA, a Córdoba y a otras ciudades del país, puso de manifiesto la decadencia de la educación pública en todo el país, con escuelas, facultades y terciarios que se caen a pedazos y docentes que cobran bajos salarios, y con legislaciones que mantienen la injerencia de la Iglesia en la educación media. Desde el No Pasarán, la agrupación que conformamos en secundarios militantes del PTS junto a compañeros y compañeras independientes, participamos con todo de esta lucha, enfrentando la política no sólo de Macri sino también del gobierno nacional, impulsando la organización independiente de los secundarios, con sus propias instancias de discusión y resolución, como las asambleas y cuerpos de delegados por colegio y la Coordinadora Unificada de Estudiantes Secundarios (CUES), enfrentando las persecuciones de los directivos y el intento del kirchnerismo de querer llevar al movimiento secundario a la rastra de su política.

Hoy, la situación de la educación pública tiene que ver con que durante casi ocho años de Gobierno de los Kirchner se han mantenido vigentes leyes privatistas como la menemista Ley de Educación Superior (LES), que pone a la educación pública en función de los intereses capitalistas. Muestra de esta política son los múltiples convenios que hay en cada universidad con una gran cantidad de empresas: mientras el Gobierno ahoga presupuestariamente a las universidades y en cambio usa la plata para pagar deuda externa y subsidiar a los empresarios, aquellas consiguen los famosos “recursos propios”, que consisten no solamente en posgrados pagos y en pasantías en las cuales las empresas usan a los estudiantes como mano de obra barata, sino también en convenios con monopolios capitalistas que moldean los planes de estudio para obtener el tipo de profesionales que necesitan para sus negocios. Por eso vemos empresas como Techint firmando convenios o grandes laboratorios como Roche auspiciando aulas, mientras que la minera “Bajo la Alumbrera”, denunciada numerosas veces por contaminación, aporta al presupuesto de las universidades nacionales.

Los intelectuales K de Carta Abierta son los encargados del malabarismo de presentar todo esto como una política “nacional y popular”, haciéndole la segunda a los dinosaurios radicales que desde hace años cogobiernan junto a los peronistas muchas universidades del país. Contra estos ideólogos, luchamos por las ideas del marxismo como fundamento teórico y estratégico de una alianza obrera y popular que imponga una transformación revolucionaria de la sociedad capitalista. Desde hace casi quince años impulsamos en distintos puntos del país la Cátedra Libre Karl Marx, y trabajamos en común desde su fundación con los compañeros y compañeras del Instituto del Pensamiento Socialista Karl Marx, entre otras actividades que hacemos para difundir y repensar las ideas para la liberación de los explotados y los oprimidos. Pero también luchamos por cambiar los planes de estudio y los contenidos de la educación pública, como parte fundamental de la lucha por una educación al servicio de los trabajadores y el pueblo. No queremos más que esté al servicio de los capitalistas, ni sometida a la influencia de la Iglesia oscurantista. Queremos toda la producción y todo el conocimiento puestos en función de resolver las necesidades de las grandes mayorías obreras y populares. Por eso también luchamos por terminar con el antidemocrático régimen universitario, en el que son los docentes titulares quienes tienen amplia mayoría en los órganos de gobierno, mientras los docentes ad-honorem, los no-docentes y los estudiantes, que somos la mayoría de la universidad, tenemos sólo una minoría de representantes. De ahí que peleamos por la democratización de las universidades, colegios y terciarios, como parte de la pelea más general por construir una educación al servicio de los trabajadores y el pueblo.

Para desarrollar todas estas tareas es indispensable revolucionar las organizaciones estudiantiles tal cual existen hoy. Desde En Clave ROJA, la agrupación universitaria de la Juventud del PTS, siempre hemos asumido el desafío de construir centros de estudiantes y federaciones militantes e independientes de los capitalistas y de las camarillas, y no meras chapas vacías. Para eso peleamos por centros y federaciones democráticos y combativos que funcionen en base a congresos abiertos realizados periódicamente, asambleas y cuerpos de delegados; que sorteen el 100% de los puestos de becarios en bares y fotocopiadoras en lugar de poner a los militantes rentados de las agrupaciones; que tengan balances contables serios, periódicos y públicos, entre algunas de las medidas elementales para democratizar los centros y las federaciones que fueron moldeados por la Franja Morada (UCR) como espacios para brindar servicios, y que la izquierda, a la cabeza de la FUBA y de muchos centros de estudiantes del país, no se ha propuesto transformar.

En este sentido, en el conflicto del año pasado hemos sido los impulsores de la Asamblea Interestudiantil como organismo democrático y de lucha que unificó desde las bases a universitarios, secundarios y terciarios. En cada uno de los centros de estudiantes donde hemos sido conducción hemos dado importantes pasos para transformar las organizaciones estudiantiles en este sentido, y hemos dejado aportes importantes para la unidad obrero-estudiantil con el rol del CEFyL de la UBA en la lucha de Kraft-Terrabusi, el CEBA de La Plata en la lucha de Mafissa, el CEHum de Bahía Blanca junto a los pescadores, el apoyo a los trabajadores de Paraná Metal, a los de Volkswagen en Córdoba, o la enorme cantidad de actividades que realizamos junto a los obreros de Zanon en Neuquén, entre otros muchos ejemplos. También retomamos tradiciones perdidas, como la publicación de la revista del CEFyL que no salía desde hacía cuarenta años, lo cual ha sido un gran paso para que los centros sean organizaciones de debate teórico, político e ideológico. Del mismo modo, nuestro rol en los centros peleando por la aparición con vida de Luciano Arruga ha sido un aporte de la Juventud del PTS para sacar a éstos del rutinarismo y convertirlos en organizaciones militantes junto a los trabajadores y el pueblo. Nuestra organización también aportó -con las compañeras de Pan y Rosas al frente- a dejar sentada la tradición de que los centros de estudiantes y federaciones también luchen por los derechos de las mujeres y se pongan al frente de esta pelea, algo que durante mucho tiempo hicimos en soledad. Son sólo algunos ejemplos. Los desafíos por venir encontrarán a la Juventud del PTS en la primera línea para redoblar estas batallas en el movimiento estudiantil, junto a los trabajadores.

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