Aunque la sed de ganancias de los capitalistas impone condiciones laborales y de vida extenuantes que atentan contra los lazos familiares, lo que de ninguna manera está cuestionado es que, en la familia, las mujeres son las que cargan con las tareas domésticas.

Las actividades diarias para reestablecer la energía de los trabajadores permitiéndoles volver a trabajar (comida, descanso, aseo), esas mismas actividades para mantener a los miembros inactivos de las clases explotadas – como los niños (que en los casos de las familias más pobres también tienen que salir a trabajar), los enfermos, los ancianos y las propias amas de casa, la renovación generacional de la fuerza de trabajo, todo ese trabajo “invisible”, es realizado mayoritariamente por las mujeres. Es el que permite que millones de asalariadas y asalariados se levanten todos los días para ir a su trabajo, que a cada generación de asalariados le siga otra generación de asalariados, y que todos los miembros de la familia trabajadora que no son “productivos” para el capitalismo sean mantenidos sin que a la patronal le cueste un centavo. Justamente, son las mujeres y los jóvenes los que más sufren la precarización laboral, la desocupación y la pobreza. El reciente anuncio de la presidenta de implementar la Asignación Universal por Hijo para las embarazadas, además de miserable, ya que nadie puede vivir con $220, no es más la naturalización de las acuciantes condiciones de vida que sufre la gran mayoría de las mujeres.

Por eso, la Juventud del PTS pelea por trabajo para todos/as y el reparto de las horas de trabajo entre todas las manos disponibles, con un salario equivalente a la canasta familiar, mientras exigimos un subsidio que pueda cubrir las necesidades básicas para todas las personas desocupadas, entre las que contamos a decenas de miles de amas de casa de familias trabajadoras y del pueblo pobre.

Enfrentamos así a los capitalistas, que utilizan a las amas de casa como una reserva de fuerza laboral contra las trabajadoras y trabajadores ocupados y sus salarios.

También exigimos guarderías gratuitas, financiadas por el Estado, abiertas las veinticuatro horas del día, para poder afrontar el cuidado de los niños y niñas aun cuando madres y padres trabajen en horarios nocturnos o tengan turnos rotativos, como es frecuente en algunas industrias; servicios sociales de bajo costo y buena calidad como restaurantes, casas de comida para llevar, lavanderías, etc., en todos los barrios, subsidiados por la patronal y el Estado. También planteamos la necesidad de un plan de viviendas y que los alquileres no superen el 10% del ingreso familiar, entre otras medidas.

Aunque en cierto nivel la familia sea quien se beneficie del trabajo no remunerado que las mujeres realizan en el hogar, las ganancias las obtienen los capitalistas. Por eso dirigimos nuestras demandas contra los responsables de las condiciones económicas y sociales donde se ancla la opresión a las mujeres: la clase dominante, su Estado, su Gobierno y sus agentes. Sólo con su desaparición se podrán transformar radicalmente todas las condiciones de vida y podremos aspirar al pleno desarrollo de las relaciones humanas basadas en una verdadera igualdad.

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